Categoría: Fisioterapia y dolor crónico · Divulgación | Tiempo de lectura: 9 min
El 12 de mayo se celebró en el centro cívico Zigia 28, del Distrito de Ciudad Lineal la segunda sesión de Salud Entrelíneas, un espacio de encuentro, debate y construcción de comunidad promovido por la Asociación Territorio Salud, donde en esta ocasión, la fisioterapia y la reflexión se encontraban para hablar de educación en salud. El tema: «Moverse duele menos». Hablamos de fisioterapia y dolor crónico, de miedo al movimiento, de búsqueda de salud. Reflexiones que creemos que hace falta tener más a menudo. Destacar además, la colaboración de Obra Social «La Caixa», Liga Reumatológica Española y el apoyo de EndoMadrid
Si no pudiste asistir, aquí tienes el vídeo completo de la sesión:
Ver la sesión completa: «Moverse duele menos» — David Vela y Natalia Alcántara
En este artículo recogemos las ideas principales de la charla. Pero te animamos a ver el vídeo: hay cosas que se dicen, se sienten y se entienden de una forma que el texto no puede replicar del todo. Fisioterapia y dolor crónico
El dolor que aprendemos antes de entenderlo
Todos llegamos al mundo sin saber qué es el dolor. Y muy pronto empezamos a aprenderlo.
Lo aprendemos de las reacciones de los adultos cuando nos caemos. De la cara de susto de nuestra madre. De las frases que nos dicen: «¡Cuidado, que te vas a hacer daño!», «No hagas eso, que duele», «Quédate quieto hasta que se pase.»
Aprendemos que el dolor es peligroso. Que cuando duele, algo va mal. Que la respuesta correcta al dolor es parar, protegerse, esperar.
Esos mensajes, recibidos durante años, construyen una narrativa. Una forma de relacionarnos con el dolor que llevamos tan incorporada que ni la cuestionamos. Y cuando de adultos sentimos dolor, sobretodo si es persistente, esa narrativa se activa con toda su fuerza: algo está roto, algo va mal, tengo que protegerme, tengo que encontrar qué es.
El problema no es la narrativa en sí. El problema es cuando esa narrativa nos paraliza. Hablamos de fisioterapia y dolor crónico
La trampa del diagnóstico perfecto
Hay algo que David planteó con mucha claridad en la charla y que resuena en cientos de historias de pacientes: la búsqueda interminable del diagnóstico que lo explique todo.
Resonancia tras resonancia. Especialista tras especialista. Prueba tras prueba. Con la esperanza de que alguien, en algún momento, señale en una imagen o en un informe exactamente qué está mal y cómo arreglarlo.
Y muchas veces ese momento no llega. O llega con un diagnóstico que no explica realmente lo que se siente. O llega con una etiqueta que, en lugar de liberar, encadena.
Porque hay algo que ocurre cuando te ponen un nombre a lo que tienes: empiezas a ser ese nombre. Soy una persona con hernia discal. Soy fibromiálgica. Tengo artrosis. El diagnóstico deja de ser una descripción y se convierte en identidad.
Y desde ahí es muy difícil moverse. En todos los sentidos.
No somos nuestro diagnóstico. Somos personas con una historia, un cuerpo, un sistema nervioso y una vida. Y el dolor crónico, en la mayoría de los casos, tiene mucho más que ver con todo eso que con lo que aparece en una prueba de imagen.

Miedo a moverse, miedo a empeorar
El miedo al movimiento como uno de los mayores obstáculos en la recuperación del dolor crónico.
No es un miedo irracional. Es un miedo aprendido, muchas veces reforzado por mensajes del entorno médico: «Con tu espalda, mejor no hagas esfuerzos», «Evita todo lo que duela», «Tienes que tener cuidado para siempre.»
Esos mensajes, aunque bienintencionados, pueden hacer un daño enorme. Porque instalan la idea de que el cuerpo es frágil. De que moverse es arriesgado. De que el dolor que aparece al moverse confirma que algo está empeorando.
El cuerpo, que escucha todo esto, responde en consecuencia: se tensa, se protege, evita. Cuanto menos se mueve, más sensible se vuelve al movimiento. Y cuanto más sensible, más duele moverse. Y cuanto más duele, más miedo da moverse.
Es un círculo. Y la salida no está en encontrar el movimiento perfecto que no duela. Está en cambiar la relación con el dolor.
Cambiar la narrativa: pensarnos y decirnos de otra forma
Una de las ideas más transformadoras de la sesión es esta: el lenguaje que usamos sobre nuestro cuerpo y sobre nuestro dolor no es neutral. Lo construye.
Hay una diferencia enorme entre decir «tengo la espalda destrozada» y decir «mi espalda está pasando por un momento difícil». Entre «este dolor nunca se va a ir» y «este dolor puede cambiar». Entre «mi cuerpo me falla» y «mi cuerpo está haciendo lo que puede con la información que tiene.»
No se trata de pensamiento positivo vacío. Se trata de entender que el sistema nervioso procesa el lenguaje, las imágenes mentales y las experiencias pasadas como parte del cálculo que hace para generar dolor. Y que cambiar esas entradas cambia, literalmente, la salida.
Cambiar la narrativa es un trabajo. No ocurre de un día para otro. Pero empieza con algo muy sencillo: darte cuenta de cómo te hablas a ti mismo cuando tienes dolor.
Ser responsable de tu salud — sin culparte de tu dolor
Hay una distinción muy importante que Natalia deja clara en la charla, y que merece subrayarse:
Responsabilizarte de tu salud no significa que seas culpable de tu dolor.
El dolor crónico no es un fracaso personal. No es consecuencia de no haber hecho las cosas bien. No es un castigo ni una señal de debilidad. Es una experiencia compleja en la que intervienen factores biológicos, psicológicos, sociales e históricos que muchas veces escapan al control de la persona.
Pero dentro de esa complejidad, hay un margen de acción. Hay decisiones que puedes tomar. Movimientos que puedes recuperar. Narrativas que puedes cuestionar. Hábitos que puedes cambiar. Ayuda que puedes buscar.
Eso es responsabilidad. No culpa, sino agencia. La diferencia entre «esto me pasa a mí» y «yo también puedo hacer algo con esto.»
Buscar profesionales con otro enfoque
Una de las llamadas a la acción más directas de la sesión tiene que ver con el tipo de acompañamiento profesional que buscamos cuando tenemos dolor crónico.
Hay un modelo de atención orientado a la enfermedad: buscar lo que está mal, etiquetarlo, tratarlo, eliminar el síntoma. Es un modelo útil en muchos contextos. Pero en el dolor crónico, a menudo se queda corto.
Hay otro modelo, orientado a la salud: entender a la persona en su totalidad, explorar el significado del dolor en su historia, trabajar desde el movimiento y la confianza en el propio cuerpo, acompañar el proceso de cambio con paciencia y con criterio.
No son modelos excluyentes. Pero el segundo, en el dolor crónico, produce resultados mucho más duraderos.
Buscar un profesional con este enfoque no es rendirse a lo alternativo ni rechazar la medicina. Es exigir una atención más completa, más humana y más eficaz. Es saber que mereces que te escuchen, no solo que te traten.
Leer el cuerpo, escuchar el movimiento
La sesión contó con dos perspectivas complementarias que encajan perfectamente.
David Vela Añover abordó la lectura del cuerpo: cómo interpretamos las señales físicas, cómo el contexto y la historia personal filtran esa interpretación, y cómo los profesionales de la salud pueden cambiar el impacto de sus palabras siendo más conscientes del mensaje que transmiten.
Natalia Alcántara exploró la escucha del movimiento: cómo recuperar la confianza en moverse, cómo reinterpretar las sensaciones del cuerpo en movimiento y cómo el ejercicio terapéutico, la respiración escuchada, parar conscientemente es, bien entendido, una conversación con el sistema nervioso.
Una visión integral, honesta y profundamente respetuosa con la experiencia del paciente.

Lo que nos llevamos de esta tarde
Si hay una idea que resumiera todo lo que se habló en la sesión, probablemente sería esta:
El camino hacia el bienestar no pasa por encontrar qué está roto. Pasa por entender cómo funciona todo.
Tu cuerpo no es tu enemigo. Tu dolor no define quién eres. El movimiento, aunque duela al principio, probablemente no te está haciendo daño. Y hay profesionales que pueden acompañarte en ese camino de una forma que va mucho más allá de aplicar técnicas sobre una camilla.
Eso es lo que queremos ser en Clínica Lyceum.
¿Tienes dolor crónico y sientes que das vueltas sin avanzar?
Si te has reconocido en algo de lo que has leído aquí, te invitamos a dar un paso diferente. Busca un enfoque integral del dolor, combinando fisioterapia avanzada, educación terapéutica y acompañamiento real del proceso.
Nosotros estamos en Majadahonda, y atendemos también a pacientes de Pozuelo de Alarcón, Las Rozas y Boadilla del Monte.
Preguntas frecuentes sobre dolor crónico y fisioterapia
¿El dolor crónico tiene cura? En muchos casos puede mejorar de forma muy significativa, hasta niveles que permiten una vida plena y activa. No siempre desaparece por completo, pero la relación con él puede cambiar radicalmente. El objetivo no es siempre cero dolor: es recuperar la vida que quieres tener.
¿Por qué me duele si las pruebas dicen que estoy bien? Porque el dolor no es una medida directa del daño tisular. Es una experiencia generada por el cerebro en función de muchos factores. Que una resonancia no muestre daño significativo no significa que el dolor no sea real: significa que su origen es más complejo que una lesión estructural visible.
¿Qué es la educación en dolor y para qué sirve? Es un enfoque terapéutico basado en explicar al paciente cómo funciona el dolor. Cuando las personas entienden por qué duelen, el dolor suele disminuir. No porque sea magia, sino porque el sistema nervioso responde a la información.
¿Es normal que me dé miedo moverme después de meses con dolor? Completamente normal. El miedo al movimiento es una respuesta adaptativa del sistema nervioso que se da en muchas personas con dolor crónico. No es debilidad ni exageración. Y tiene solución: con el acompañamiento adecuado, la confianza en el movimiento se puede recuperar de forma progresiva y segura.
Clínica Lyceum · Fisioterapia especializada en Majadahonda · Tel: 91 634 25 21 · clinicalyceum.es
Sesión «Moverse duele menos» — Salud entre Líneas, 12 de mayo de 2026. Con David Vela Añover y Natalia Alcántara.




